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REFUNDACION COMUNISTA DE PUERTO RICO

Mohamed Sid-Ahmed

Lanzar un ataque militar contra Iraq no será sólo una repetición de la jugada afgana, sino que abrirá además las puertas a dimensiones novedosas en el panorama de los conflictos mundiales Mientras la cumbre árabe de Beirut se prepara para la jornada de clausura y se dispone a emitir una resolución final, hoy sería bastante útil distanciarnos del desarrollo de los acontecimientos del día a día y contemplar el panorama con la esperanza de obtener una mejor perspectiva de hacia dónde nos dirigimos. El Cairo ha recibido con satisfacción la más reciente intervención norteamericana conminando a Sharon a que retire sus tropas de las áreas autónomas palestinas reocupadas por Israel, aún cuando la retirada haya sido solamente parcial [1] . Sin embargo, la intervención de Washington se ha producido para alcanzar un objetivo diferente al que persigue Egipto. Los esfuerzos de El Cairo por alcanzar un alto el fuego tienen como objetivo la creación de un ambiente propicio para la resolución del problema palestino y la puesta en marcha de una acuerdo final que ponga fin al conflicto árabe-israelí. El repentino interés de Washington por forzar un alto el fuego se basa en motivaciones bien distintas, a saber: la necesidad de eliminar el obstáculo más importante en el camino de un ataque contra Iraq para derrocar a Saddam Hussein. El Cairo interpreta las deliberaciones de la cumbre de Beirut como un esfuerzo por parte de los Estados árabes por romper el actual estancamiento del proceso de paz de Oriente Medio. Washington ve la región como un eslabón importante en la tarea global de erradicar el terrorismo. La Administración Bush considera que su campaña contra el régimen iraquí es continuación de la campaña contra los talibán afganos. Si eliminaron al mulá Omar y el régimen talibán fue derribado, también se puede eliminar a Saddam Hussein y derrocar al régimen iraquí. Pero el casus belli que se invocó para justificar la primera empresa no es aplicable al segundo caso. Si bien no cabía duda de que el régimen talibán cobijaba a Osama Bin Laden y su organización, Al-Qaeda, no hay pruebas de que Saddam Hussein estuviera implicado en los ataques del 11 de septiembre contra Nueva York y Washington, a pesar de que se hayan empleado enormes recursos para intentar implicarlo. Se llegó a rumorear que Mohamed Atta, el supuesto líder del escuadrón terrorista que voló la primera de las Torres Gemelas, se habría reunido con el cónsul iraquí en Praga poco antes de los ataques. Pero todo resultó ser un caso de confusión de identidades, puesto que el Mohamed Atta en cuestión no tenía nada que ver con su tocayo terrorista. Pese a la ausencia total de cualquier tipo de vinculación del régimen iraquí con los acontecimientos del 11 de septiembre, Bush considera que existen suficientes pruebas circunstanciales que justifican un ataque contra Iraq, país que, junto con Irán y Corea del Norte, forma parte de ese "Eje del Mal" que patrocina el terrorismo global y que en consecuencia deben ser tratados drásticamente. En realidad, no son los únicos países que deben enfrentarse a dicha acusación. El diario Los Angeles Times informaba hace algunas semanas de que el Pentágono está preparando una serie de planes de contingencia que contemplan la posibilidad de utilizar armamento nuclear no sólo contra los tres países que conforman el "Eje del Mal", sino contra otras naciones como China, Rusia, Libia, y Siria. Responsables del Pentágono han asegurado públicamente que también se están investigando maneras de modificar las actuales cabezas nucleares de las que disponen para destruir búnkeres y otros objetivos "difíciles" que ciertos países como Iraq podrían utilizar para esconder armamento nuclear, químico y biológico. "Con estos siete países algunos de los cuales son objetivos recientes en su punto de mira, EEUU está haciendo que aumenten las probabilidades de utilizar armamento nuclear en su política", afirmaba Daryl Kimball, director ejecutivo de la Asociación por el Control Armamentístico (en inglés, Arms Control Association). Nueva política nuclear El informe clasificado sobre la "posición nuclear revisada", que de algún modo llegó a manos del LA Times, marca una nueva etapa en la más que problemática relación que el mundo mantiene con el armamento nuclear. El giro dado por Washington de una estrategia de contención nuclear hacia una línea de actuación "preventiva" choca frontalmente con las políticas de no proliferación y los tratados internacionales de control armamentístico adoptados por EEUU. La nueva estrategia proviene de la base de que la capacidad nuclear ya no es algo restringido a unos pocos elegidos, como ocurría hasta hace poco. Durante las últimas décadas, la tecnología necesaria para la producción de este tipo de armamento se ha extendido, los costos de producción han disminuido, y las posibilidades de obtener este tipo de armamento "directamente salidos de fábrica" han aumentado gracias a las fallas de seguridad existentes en los países antiguamente dominados por los soviéticos. Poco después vinieron las pruebas nucleares de Paquistán e India, que dejaron muy claro que los intentos por evitar la expansión del armamento nuclear topan cada vez con mayores dificultades. Ahora, EEUU desafía abiertamente a grandes potencias como China o Rusia, aunque a priori no pueda caracterizar a ninguno de los dos países como potencias hostiles. Anteriormente, ya fuimos testigos de una confrontación entre dos superpotencias nucleares a lo largo de todo el periodo de la Guerra Fría, una etapa caracterizada por un "equilibro del terror" también conocido como la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada o MAD (en inglés, "loco"). EEUU tenía la capacidad de destruir la URSS 30 veces, mientras que la URSS podía hacer lo mismo con EEUU 20 veces. Pero como sólo se muere una vez, hubo de establecerse un equilibrio, pese a la desigualdad entre las partes. Por ello, a pesar de o quizás gracias a la amenaza de la destrucción mutua total, el mundo sobrevivió. Hoy en día, la ecuación es más peligrosa porque en un mundo unipolar no hay ningún actor que sirva de contrapeso al único polo existente ni, consecuentemente, existe ningún mecanismo que pueda eliminar el terror nuclear. Con la nueva estrategia nuclear de Bush, la amenaza del terrorismo no emanará tan sólo de los escalones más bajos de la comunidad mundial, sino también de su cima. La ecuación es de una importancia especialmente crítica en Oriente Medio, con Israel como potencia nuclear no declarada que no está sujeta a ningún tipo de control. Dado que Israel no admite que posee armamento nuclear, no puede establecerse ningún tipo de negociación para controlar su arsenal. EEUU interviene en Oriente Medio no para obligar a Israel a unirse al Tratado de No Proliferación, sino más bien al contrario, para permitir que Israel siga adelante sin tener que rendir cuentas a nadie. Así, el abismo entre los Estados a quienes les está permitido "nuclearizarse" y los Estados a los que se les impide alcanzar este estatus va haciéndose cada vez más profundo. El presidente egipcio Hosni Mubarak ha pedido en más de una ocasión que Oriente Medio se desnuclearice por completo. Pero hasta el momento, los planes de Mubarak han caído en saco roto. Así las cosas, lanzar un ataque militar contra Iraq no será sólo una repetición de la jugada afgana, sino que abrirá además las puertas a dimensiones novedosas en el panorama de los conflictos mundiales. La Administración norteamericana se ha erigido a sí misma no sólo en árbitro del terrorismo y autoridad suprema que dictamina quién es terrorista y quién no, sino también en juez sobre quién puede poseer armamento nuclear y quién no puede tenerlo. Para la Administración norteamericana, la globalización es sinónimo del derecho exclusivo de EEUU de decidir sobre todas y cada una de las cuestiones que afectan al planeta. Ese fue precisamente el caso de la guerra lanzada contra Iraq tras la invasión de Kuwait, y ese el también el caso con su disposición a reconocer un Estado palestino. Pero cuando se trata de cuestiones más controvertidas, como por ejemplo el terrorismo o el "Eje del Mal" (especialmente en lo referido a Iraq), EEUU actúa por su cuenta. En la cuestión del control armamentístico, la política norteamericana ha sido muy similar a la adoptada con los acuerdos de Oslo respecto a la cuestión palestina. Se persiguen acuerdos en los pequeños detalles relativos a cuestiones parciales y transitorias, pero se evita discutir sobre cuestiones importantes. Cuando se trata de discutir sobre control armamentístico, el objetivo de EEUU no es eliminar por completo este tipo de armamento, sino conseguir que sean un mínimo de estructuras estatales "de confianza" las que sigan controlando el armamento nuclear, mientras el resto de la comunidad internacional se ve privada de este privilegio. Esta postura discriminatoria se justifica como necesaria con el objetivo de justificar el hecho de que estas armas no caigan en manos de terroristas. Pero con la proliferación nuclear en vías de expansión porque la ciencia y el progreso no se detienen esta justificación ya no se tiene en pie. Éste es un tema que nos ofrece una pequeña idea de cuán importante podría ser el problema de una intervención militar contra Iraq. No se trata solamente de un ángulo más del problema de Oriente Medio: es una cuestión que subyace en el propio proceso de globalización actual.

 

1. Este texto fue publicado con fecha de 28 de marzo de 2002, y es por tanto previo a la actual campaña israelí de reocupación de los Territorios palestinos (Nota de CSCAweb)

Texto publicado en Al-Ahram Weekly Online, núm. 579, semana del 28 de marzo al 3 de abril de 2002 Traducción: CSCAweb